Te echo tanto de menos…
Hace días que no duermo, camino arrastrando los pies y tengo la sensación extraña de que el aire me evita, como si estuviera aislada del resto del Mundo. Lo peor es que me doy cuenta de ello, veo balancearse las hojas de los árboles pero no siento el aire que las mueve y que tanto anhelo. Es una sensación terrible el no sentir nada, me ahogo. Estoy muy asustada.
Soledad. Por las mañanas ya no me apetece ir a comprar el pan, porque no tengo hambre. Me faltan razones para todo y me sobran las excusas. Creo que voy a tirar el espejo del dormitorio. Me encuentro frente a una cara llena de arrugas, resquicios de lo que fueron ojos llenos de vida y un cuerpo pequeño que me hace dudar de lo esbelta que fui. Nadie me llama “preciosa” y parece entonces que he dejado de serlo.
Carmen me viene a ver cada mañana. Cuando suena el timbre abro el frasco de aguarrás y me pongo unas gotitas en el cuello. Este es mi perfume. Le digo que estoy bien, que he vuelto a pintar. Entra en casa y observa el cuadro. En la silla, los pinceles están dispuestos de manera diferente de ayer y en la paleta los colores, secos, disimulan mi mundo gris. ¿Para qué voy a pintar si tú no estás?
Estoy muy asustada. Sin ti, no se quien soy.
viernes 3 de julio de 2009
martes 16 de junio de 2009
¡Hoy he llegado a los 200 amigos! El mismísimo… lo tengo en la punta de la lengua, el director de Vicky Cristina Barcelona… ese, Woody Allen me ha pedido ser mi amigo. Yo he alucinado y claro, le he dicho que sí! He entrado en su muro y ¡tiene más de 5000 amigos! Me ha extrañado que él no conteste a nadie pero claro, debe estar muy ocupado haciendo películas. Sólo he visto que de vez en cuando se toma un descansito y juega a la “guerra de pandillas”, qué lujo, le he enviado una invitación para ver si quiere ser de la mía.
Bueno lo realmente vip es que ya tengo 200 amigos. Maria habrá alucinado porque sólo tiene 29 y si descuentas la familia, los compañeros del curro, los de inglés y la universidad le quedan 7 (que seguro son del club ese literario).
Si es que con esto del Facebook tengo tantos amigos que no doy abasto. Hoy llegué del trabajo y tenía nosecuantas invitaciones a grupos y he realizado 3 tests: el de qué pitufo eres, qué princesa y qué animal. Bueno en realidad habré hecho unos 12 pero estos eran los únicos fiables, porque el pitufo filósofo me define, Pocahontas es súper exótica, siempre me ha gustado lo exótico, ¿recuerdas las chanclas con flecos que me compré el verano pasado? y el elefante es la inteligencia en persona, bueno o algo así. Los demás eran un asco, ¿Cómo pueden decir que me parezco a Juana la loca o que mi nombre significa muerte? Ni hablar, yo no pongo eso en mi muro. El único test que no me atrevo a hacer es el de coeficiente intelectual, porque me han dicho que aunque lo borres queda grabado y lo envían a todos tus contactos para retarte, y claro, es que he visto que todos mis amigos superan el 100 y me da cosa que sea de esos no fiables, ¿porque luego cómo borro el número?
Desde que estoy en el Face me ha cambiado la vida. Antes no sabía qué hacer porque no conocía mucha gente, bueno la normal, pero ahora es una pasada. Compartimos fotos, vídeos… el Sábado estuve charlando con el hermano de un amigo de mi primo por el chat y el domingo quiso volver a contactar conmigo pero me puse como “desconectada”, a ver si van a pensar mis amigos que estoy siempre pendiente de la pantalla, ¡que vergüenza!
Pues lo que te quería contar, se llama Dani, es un amigo de la cúñada de la amiga de mi hermana, y me ha dicho que le gustan mucho mis fotos de perfil. Me las ha comentado todas, todas y le han gustado todos, todos mis videos. Parece un tipo muy interesante, ayer noche entré en su muro y ha colgado un poema muy bonito, se titula “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. ¡Es escritor! Y de los buenos. Le he pedido que a ver si cuelga alguna foto suya de perfil, seguro que es guapísimo.
Qué fuerte, Woody Allen acaba de confirmar que quiere ser de mi pandilla. Quedamos otro día ¿vale? Y ya te cuento, ahora tengo que dejarte…
Bueno lo realmente vip es que ya tengo 200 amigos. Maria habrá alucinado porque sólo tiene 29 y si descuentas la familia, los compañeros del curro, los de inglés y la universidad le quedan 7 (que seguro son del club ese literario).
Si es que con esto del Facebook tengo tantos amigos que no doy abasto. Hoy llegué del trabajo y tenía nosecuantas invitaciones a grupos y he realizado 3 tests: el de qué pitufo eres, qué princesa y qué animal. Bueno en realidad habré hecho unos 12 pero estos eran los únicos fiables, porque el pitufo filósofo me define, Pocahontas es súper exótica, siempre me ha gustado lo exótico, ¿recuerdas las chanclas con flecos que me compré el verano pasado? y el elefante es la inteligencia en persona, bueno o algo así. Los demás eran un asco, ¿Cómo pueden decir que me parezco a Juana la loca o que mi nombre significa muerte? Ni hablar, yo no pongo eso en mi muro. El único test que no me atrevo a hacer es el de coeficiente intelectual, porque me han dicho que aunque lo borres queda grabado y lo envían a todos tus contactos para retarte, y claro, es que he visto que todos mis amigos superan el 100 y me da cosa que sea de esos no fiables, ¿porque luego cómo borro el número?
Desde que estoy en el Face me ha cambiado la vida. Antes no sabía qué hacer porque no conocía mucha gente, bueno la normal, pero ahora es una pasada. Compartimos fotos, vídeos… el Sábado estuve charlando con el hermano de un amigo de mi primo por el chat y el domingo quiso volver a contactar conmigo pero me puse como “desconectada”, a ver si van a pensar mis amigos que estoy siempre pendiente de la pantalla, ¡que vergüenza!
Pues lo que te quería contar, se llama Dani, es un amigo de la cúñada de la amiga de mi hermana, y me ha dicho que le gustan mucho mis fotos de perfil. Me las ha comentado todas, todas y le han gustado todos, todos mis videos. Parece un tipo muy interesante, ayer noche entré en su muro y ha colgado un poema muy bonito, se titula “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. ¡Es escritor! Y de los buenos. Le he pedido que a ver si cuelga alguna foto suya de perfil, seguro que es guapísimo.
Qué fuerte, Woody Allen acaba de confirmar que quiere ser de mi pandilla. Quedamos otro día ¿vale? Y ya te cuento, ahora tengo que dejarte…
viernes 12 de junio de 2009
el examen
Después de estudiar durante semanas llegó el día del examen de neurología. Estaba nerviosa y tenía esa horrible sensación de no saber nada. Una mezcla entre Sócrates y Chiquito de la Calzada (por el no puedor).
También estaba cabreada porque había tenido que renunciar a dos cenas, un karaoke y un baile. No recordaba haber dormido la noche anterior pero sí haber soñado que era una neurona. Era una estúpida neurona a la que le tocó estar en el mismísimo orificio anal. Y no es que no tuviera su importancia, ya que si dejaba de trabajar el susodicho amo dejaría de evacuar y se hincharía hasta reventar, pero aunque en sueños, todo olía a heces y a poemas descarriados.
Entró en la facultad de comunicación y cansada empezó a buscar en un listado el aula que se le había asignado. Al no encontrar su nombre los traicioneros empezaron a hacer de las suyas y viendo ya medio borroso se dirigió a la mesa de información. Encima de sus ojeras, sus ojos, más estrechos de lo habitual, se clavaron en una irresistible silueta que desencadenó sus más salvajes instintos animales. Un hombre alto y despeinado, con ese aire irresistible de genio loco que le daban sus gafas de culo de botella. Se acercó a ese pedazo de hombre y le preguntó sobre la lista, no sin antes dedicarle una picante mirada de rasero, al trasero.
Llegaba tarde, confusa y desenfrenada se dirigió al aula 3 y ocupó el único asiento libre en la primera fila. Las piernas le temblaban e intentó por un momento nombrar mentalmente todas las conexiones que habrían participado en los últimos 5 minutos de su vida pero en su mente sólo apareció un hermoso culo y una neurona sonriente.
Antes sus ojos, la blanca realidad le preguntaba sobre la amígdala y las respuestas emocionales. Empezó a recordar en el mismo momento en el que el hombre de la mesa informativa entró en la sala y se sentó en el pupitre principal. Todo era inútil, le quedaban 20 minutos y no había escrito nada, su cuerpo estaba en un estado emocional excepcional pero no lograba descifrarlo y darle forma en palabras, de tal manera que quiso amortizar de algún modo tantas horas de estudio desperdiciadas y empezó a escribir una larga y emotiva dedicatoria al hombre del pelo enmarañado y la lanza de fuego.
También estaba cabreada porque había tenido que renunciar a dos cenas, un karaoke y un baile. No recordaba haber dormido la noche anterior pero sí haber soñado que era una neurona. Era una estúpida neurona a la que le tocó estar en el mismísimo orificio anal. Y no es que no tuviera su importancia, ya que si dejaba de trabajar el susodicho amo dejaría de evacuar y se hincharía hasta reventar, pero aunque en sueños, todo olía a heces y a poemas descarriados.
Entró en la facultad de comunicación y cansada empezó a buscar en un listado el aula que se le había asignado. Al no encontrar su nombre los traicioneros empezaron a hacer de las suyas y viendo ya medio borroso se dirigió a la mesa de información. Encima de sus ojeras, sus ojos, más estrechos de lo habitual, se clavaron en una irresistible silueta que desencadenó sus más salvajes instintos animales. Un hombre alto y despeinado, con ese aire irresistible de genio loco que le daban sus gafas de culo de botella. Se acercó a ese pedazo de hombre y le preguntó sobre la lista, no sin antes dedicarle una picante mirada de rasero, al trasero.
Llegaba tarde, confusa y desenfrenada se dirigió al aula 3 y ocupó el único asiento libre en la primera fila. Las piernas le temblaban e intentó por un momento nombrar mentalmente todas las conexiones que habrían participado en los últimos 5 minutos de su vida pero en su mente sólo apareció un hermoso culo y una neurona sonriente.
Antes sus ojos, la blanca realidad le preguntaba sobre la amígdala y las respuestas emocionales. Empezó a recordar en el mismo momento en el que el hombre de la mesa informativa entró en la sala y se sentó en el pupitre principal. Todo era inútil, le quedaban 20 minutos y no había escrito nada, su cuerpo estaba en un estado emocional excepcional pero no lograba descifrarlo y darle forma en palabras, de tal manera que quiso amortizar de algún modo tantas horas de estudio desperdiciadas y empezó a escribir una larga y emotiva dedicatoria al hombre del pelo enmarañado y la lanza de fuego.
sábado 30 de mayo de 2009
Cosas de la estética
Abril 2008. Cita con la dermatóloga.
Después de escuchar un “qué asco” de mi sobrina al ponerme crema protectora en la espalda voy de cabeza a que me quiten esa pequeña y asquerosa verruga.
Ya me habían hablado de la Doctora. Lo saca todo todo y todo. Entro con una verruga y salgo con 16 agujeros. Me quita hasta el Lunar del cuello que x me dijo que era sexy. Cuando la doctora lo ve exclama con cara de asco “eso es un verrugón”. Lo miro y ya no me parece sexy. Pienso “que me lo quite, que me lo quite”, y ella ya ha preparado el cachirulo ese que quema la piel y empieza a cortar. Luego me cura herida por herida, mientras me receta una crema para hacerme yo las curas durante tres meses. Resulta que la crema mancha y me aconseja que me compre camisetas baratas de algodón. Además no me puedo duchar muy a menudo.
Antes de irme me quiere echar un vistazo a la cara. Saca un lupón enorme y lo acerca y me pregunta la edad. –“34”-. “Vaya, con el cuerpo que tienes te echaba veinte tantos, pero chica, tienes que cuidar esa cara, que me recuerdas a mi tía, que a los 60 se ligaba a los chicos de veinte, siempre que estuviera de espaldas”.
Me cuenta que hace unos liftings extraordinarios, que un día me hace uno y pego un cambio que pa qué. Total que pido hora para el mes siguiente (Mayo) y me lo hago.
Voy al lifting. Mientras me lo hace hablamos de cirugía estética y me dice que tiene un amigo que hace rinoplasias (opera narices) y además lo hace de narices. Creo que está intentando enredarme otra vez, pero esta vez a lo grande. Operación con anestesia total.
Cuando termina me receta una crema que me he de poner 4 veces al día. No puedo lavarme con jabón, no me puedo maquillar, no me puede dar el Sol, y no puedo ir a la piscina.
Junio, un día cualquiera por la mañana: Me levanto, hoy me ducho con cuidado, me curo las 16 heridas, me pongo la anticongestiva cusí en cada una de ellas y me las tapo con tiritas. Me unto de K-vit para la cara, la dejo absorver y luego la protectora total. Me pongo la cutre camiseta antisexy de 4 euros del Zara.
Mierda me dejaba las gomas. El dentista me ha dicho que para adelantar la ortodoncia me ponga las gomas durante el día.
Voy a trabajar. Las tiritas me tiran de la piel por todo el cuerpo. Las 16 manchitas de crema traspasan la camiseta. Cada 6 horas me he de renovar la crema por cara y cuello y además cuando sonrío se me ven las gomas de los dientes.
Me dicen que no hago buena cara, que estoy blanca. No me puede dar el Sol. No puedo maquillarme, no puedo ir a nadar y estoy más fea que nunca.
Dentro de 15 días he de volver a la dermatóloga. Que me espere sentada.
Después de escuchar un “qué asco” de mi sobrina al ponerme crema protectora en la espalda voy de cabeza a que me quiten esa pequeña y asquerosa verruga.
Ya me habían hablado de la Doctora. Lo saca todo todo y todo. Entro con una verruga y salgo con 16 agujeros. Me quita hasta el Lunar del cuello que x me dijo que era sexy. Cuando la doctora lo ve exclama con cara de asco “eso es un verrugón”. Lo miro y ya no me parece sexy. Pienso “que me lo quite, que me lo quite”, y ella ya ha preparado el cachirulo ese que quema la piel y empieza a cortar. Luego me cura herida por herida, mientras me receta una crema para hacerme yo las curas durante tres meses. Resulta que la crema mancha y me aconseja que me compre camisetas baratas de algodón. Además no me puedo duchar muy a menudo.
Antes de irme me quiere echar un vistazo a la cara. Saca un lupón enorme y lo acerca y me pregunta la edad. –“34”-. “Vaya, con el cuerpo que tienes te echaba veinte tantos, pero chica, tienes que cuidar esa cara, que me recuerdas a mi tía, que a los 60 se ligaba a los chicos de veinte, siempre que estuviera de espaldas”.
Me cuenta que hace unos liftings extraordinarios, que un día me hace uno y pego un cambio que pa qué. Total que pido hora para el mes siguiente (Mayo) y me lo hago.
Voy al lifting. Mientras me lo hace hablamos de cirugía estética y me dice que tiene un amigo que hace rinoplasias (opera narices) y además lo hace de narices. Creo que está intentando enredarme otra vez, pero esta vez a lo grande. Operación con anestesia total.
Cuando termina me receta una crema que me he de poner 4 veces al día. No puedo lavarme con jabón, no me puedo maquillar, no me puede dar el Sol, y no puedo ir a la piscina.
Junio, un día cualquiera por la mañana: Me levanto, hoy me ducho con cuidado, me curo las 16 heridas, me pongo la anticongestiva cusí en cada una de ellas y me las tapo con tiritas. Me unto de K-vit para la cara, la dejo absorver y luego la protectora total. Me pongo la cutre camiseta antisexy de 4 euros del Zara.
Mierda me dejaba las gomas. El dentista me ha dicho que para adelantar la ortodoncia me ponga las gomas durante el día.
Voy a trabajar. Las tiritas me tiran de la piel por todo el cuerpo. Las 16 manchitas de crema traspasan la camiseta. Cada 6 horas me he de renovar la crema por cara y cuello y además cuando sonrío se me ven las gomas de los dientes.
Me dicen que no hago buena cara, que estoy blanca. No me puede dar el Sol. No puedo maquillarme, no puedo ir a nadar y estoy más fea que nunca.
Dentro de 15 días he de volver a la dermatóloga. Que me espere sentada.
miércoles 29 de abril de 2009
"Síndrome de mano ajena"
Aquel martes iba tranquilamente con la vespa a ver a María cuando un coche se pasó el stop por el forro y David pegó un frenazo que lo hizo volar por encima del automóvil. Dio un salto mortal hacia delante y fue a caer 50 metros más allá, inconsciente.
Después de varios días en la UCI despertó. Lo primero que vio fue la cara sonriente de su madre que le tendió la mano para acariciarlo y él intentó corresponder con su mano izquierda, porque David era zurdo, pero buscándola encontró que ésta estaba rascándole la cabeza. Así fue como se dio cuenta, aterrado, de que su mano izquierda no era controlable. Se lo explicó a su madre que, boquiabierta, y pensando que su hijo había perdido el juicio, fue a buscar al médico.
Mientras tanto David permaneció quieto pero su mano izquierda no, y su mano derecha, que había actuado hasta entonces de izquierda resultaba poco útil, así que pensó que tenía dos manos izquierdas.
El doctor confirmó lo que temía. “Síndrome de mano ajena” causado por traumatismo craneoencefálico con fisura en el cuerpo calloso del cerebro. Así que David tendría que convivir con un apéndice extraño en su tronco que tenía vida propia y que además se empeñaba en hacerle la vida más complicada, y es que la mano deshacía la cama que David estaba haciendo, se hurgaba la nariz en el momento más inoportuno y tocaba el culo de las chicas que pasaban por la calle, entre otras cosas.
Al cabo de unos días y cansado de esa loca izquierda empezó a pegarla con la mano diestra, de manera que las discusiones entre ambas empezaron a ser cada vez más frecuentes, pero el apéndice ajeno era más efectivo y David tuvo que tomar medidas drásticas para protegerse. Colocó el brazo izquierdo paralelo a su cuerpo y lo ató fuertemente con una cuerda. Así estuvo unos meses, hasta que su brazo izquierdo empezó a disminuir de tamaño y David decidió desatarlo para ejercitar un poco los músculos. Cogió un cuchillo para cortar los nudos y una vez liberado, el miembro ajeno se hizo con el cuchillo y se lo clavó a David en el pecho.
Después de varios días en la UCI despertó. Lo primero que vio fue la cara sonriente de su madre que le tendió la mano para acariciarlo y él intentó corresponder con su mano izquierda, porque David era zurdo, pero buscándola encontró que ésta estaba rascándole la cabeza. Así fue como se dio cuenta, aterrado, de que su mano izquierda no era controlable. Se lo explicó a su madre que, boquiabierta, y pensando que su hijo había perdido el juicio, fue a buscar al médico.
Mientras tanto David permaneció quieto pero su mano izquierda no, y su mano derecha, que había actuado hasta entonces de izquierda resultaba poco útil, así que pensó que tenía dos manos izquierdas.
El doctor confirmó lo que temía. “Síndrome de mano ajena” causado por traumatismo craneoencefálico con fisura en el cuerpo calloso del cerebro. Así que David tendría que convivir con un apéndice extraño en su tronco que tenía vida propia y que además se empeñaba en hacerle la vida más complicada, y es que la mano deshacía la cama que David estaba haciendo, se hurgaba la nariz en el momento más inoportuno y tocaba el culo de las chicas que pasaban por la calle, entre otras cosas.
Al cabo de unos días y cansado de esa loca izquierda empezó a pegarla con la mano diestra, de manera que las discusiones entre ambas empezaron a ser cada vez más frecuentes, pero el apéndice ajeno era más efectivo y David tuvo que tomar medidas drásticas para protegerse. Colocó el brazo izquierdo paralelo a su cuerpo y lo ató fuertemente con una cuerda. Así estuvo unos meses, hasta que su brazo izquierdo empezó a disminuir de tamaño y David decidió desatarlo para ejercitar un poco los músculos. Cogió un cuchillo para cortar los nudos y una vez liberado, el miembro ajeno se hizo con el cuchillo y se lo clavó a David en el pecho.
viernes 27 de marzo de 2009
Karaoke
En la penitenciaria de mujeres “El Gallinero” algo se cuece. Las vigilantes lo saben pero ya les va bien tenerlas a todas juntas y controladas y hacen oídos sordos.
La primera en llegar es Tornillo, que como siempre anda mirando al suelo, como si se le hubiera caído alguna cosa. Acaba sus tareas en la lavandería a las 2 y después de una comida rápida se dirige a la celda 29 y empieza a escribir en la pared con una tiza. Poco después llega María Pelotas, a la que todas evitan en la ducha y luego aparecen la Sorda y Correo. La Sorda ingresó hace unos meses después de afirmar que no había escuchado los gritos de su marido chamuscándose en un cuarto en el que él mismo se había encerrado.
Ellas cuatro organizan el cotarro todos los Viernes. Tornillo escribe la canción en la pared, María Pelotas dispone las sillas y el palet que utilizaran como tarima, Correo se coloca en la puerta para avisar si viene algún vigilante y la Sorda se sienta y observa. Al cabo de unos minutos y aleatoriamente, van llegando otras mujeres y se reparten entre las sillas y el suelo.
Poco después empieza la música. Las que saben leer y no conocen la canción cantan mirando a la pared, las que la conocen cantan, simplemente, y las demás, que quieren participar y no tienen ni pajolera idea de lo que se canta, hacen los coros. Menos la Sorda, que se queda allí y no canta ni escucha pero parece disfrutar tanto o más que las otras del espectáculo.
Pero esta tarde, mientras re reían de los gallos de algunas y de los coros, que al no saber la canción hacían que las cantantes perdieran el ritmo, entró alguien inesperado:
Manuela, alias la Enterradora, encerrada allí de por vida acusada de violar y luego colgar de una biga a 23 mujeres. Nadie ha escuchado nunca la voz de Manuela, es una mujer muy alta y robusta y siempre utiliza a Correo para enviar mensajes que todas prefieren no escuchar. Al verla entrar todas han cesado de cantar. Con una mirada la chica de la tarima ha entendido que tenía que cederle el puesto, Manuela se ha subido y, sin mirar a la pared, ha hablado por primera vez
- “La quiero a morir”- (se escucha una risita)-Y ante el asombro de todas empieza a cantar:
“Y yo que hasta ayer sólo fui un holgazán y hoy soy guardián de sus sueños de amor, la quiero a morir”
De repente a todas les parece que Manuela tiene un gran sentido del humor. Todo el conjunto, la enorme mujer subida a la tarima, su voz aguda cantando al estilo Manzanita, el desentone y sobretodo la canción elegida, ofrecen un espectáculo al que algunas no pueden resistirse y empiezan las risas ahogadas y las caras enrojecidas. Pero Manuela, que parece ajena a todo, sigue cantando-
“Y me atrapa en un lazo que no aprieta jamás, como un hilo de seda que no puedo soltar, no quiero soltar, la quiero a morir…”-
Y llegados a este punto Paca, que está sentada al lado de la Sorda no puede evitar soltar una carcajada, y sorda, al verla, se ríe, como ríen las personas que no se escuchan a ellas mismas, desentonando, y tanta tensión general y desentone acaba en una explosión de carcajadas. Unas se miran a otras, liberadas, liberándose, hasta que María Pelotas, divertida, suelta un:
- ¿Eso es lo que les cantas antes de colgarlas?
Se hace un silencio general y absoluto. Nadie jamás se ha atrevido a dirigirse a la Enterradora y todas las miradas se clavan en ella. Manuela ha acabado de cantar, tiene un semblante muy serio y la cara bañada en lágrimas. Mira a todas y cada una de las caras que se han estado tronchando, haciendo recorrer un escalofrío que va desde el suelo al techo, y baja de la tarima antes de desaparecer por la puerta de la celda. Correo ha captado la señal y va detrás de ella. Al cabo de un minuto ven aparecer a Correo con semblante blanco:
- Dice que esa canción se la cantaba su querida mamá, y que espera que la perdone.
La primera en llegar es Tornillo, que como siempre anda mirando al suelo, como si se le hubiera caído alguna cosa. Acaba sus tareas en la lavandería a las 2 y después de una comida rápida se dirige a la celda 29 y empieza a escribir en la pared con una tiza. Poco después llega María Pelotas, a la que todas evitan en la ducha y luego aparecen la Sorda y Correo. La Sorda ingresó hace unos meses después de afirmar que no había escuchado los gritos de su marido chamuscándose en un cuarto en el que él mismo se había encerrado.
Ellas cuatro organizan el cotarro todos los Viernes. Tornillo escribe la canción en la pared, María Pelotas dispone las sillas y el palet que utilizaran como tarima, Correo se coloca en la puerta para avisar si viene algún vigilante y la Sorda se sienta y observa. Al cabo de unos minutos y aleatoriamente, van llegando otras mujeres y se reparten entre las sillas y el suelo.
Poco después empieza la música. Las que saben leer y no conocen la canción cantan mirando a la pared, las que la conocen cantan, simplemente, y las demás, que quieren participar y no tienen ni pajolera idea de lo que se canta, hacen los coros. Menos la Sorda, que se queda allí y no canta ni escucha pero parece disfrutar tanto o más que las otras del espectáculo.
Pero esta tarde, mientras re reían de los gallos de algunas y de los coros, que al no saber la canción hacían que las cantantes perdieran el ritmo, entró alguien inesperado:
Manuela, alias la Enterradora, encerrada allí de por vida acusada de violar y luego colgar de una biga a 23 mujeres. Nadie ha escuchado nunca la voz de Manuela, es una mujer muy alta y robusta y siempre utiliza a Correo para enviar mensajes que todas prefieren no escuchar. Al verla entrar todas han cesado de cantar. Con una mirada la chica de la tarima ha entendido que tenía que cederle el puesto, Manuela se ha subido y, sin mirar a la pared, ha hablado por primera vez
- “La quiero a morir”- (se escucha una risita)-Y ante el asombro de todas empieza a cantar:
“Y yo que hasta ayer sólo fui un holgazán y hoy soy guardián de sus sueños de amor, la quiero a morir”
De repente a todas les parece que Manuela tiene un gran sentido del humor. Todo el conjunto, la enorme mujer subida a la tarima, su voz aguda cantando al estilo Manzanita, el desentone y sobretodo la canción elegida, ofrecen un espectáculo al que algunas no pueden resistirse y empiezan las risas ahogadas y las caras enrojecidas. Pero Manuela, que parece ajena a todo, sigue cantando-
“Y me atrapa en un lazo que no aprieta jamás, como un hilo de seda que no puedo soltar, no quiero soltar, la quiero a morir…”-
Y llegados a este punto Paca, que está sentada al lado de la Sorda no puede evitar soltar una carcajada, y sorda, al verla, se ríe, como ríen las personas que no se escuchan a ellas mismas, desentonando, y tanta tensión general y desentone acaba en una explosión de carcajadas. Unas se miran a otras, liberadas, liberándose, hasta que María Pelotas, divertida, suelta un:
- ¿Eso es lo que les cantas antes de colgarlas?
Se hace un silencio general y absoluto. Nadie jamás se ha atrevido a dirigirse a la Enterradora y todas las miradas se clavan en ella. Manuela ha acabado de cantar, tiene un semblante muy serio y la cara bañada en lágrimas. Mira a todas y cada una de las caras que se han estado tronchando, haciendo recorrer un escalofrío que va desde el suelo al techo, y baja de la tarima antes de desaparecer por la puerta de la celda. Correo ha captado la señal y va detrás de ella. Al cabo de un minuto ven aparecer a Correo con semblante blanco:
- Dice que esa canción se la cantaba su querida mamá, y que espera que la perdone.
sábado 21 de marzo de 2009
Dar de comer a las palomas
Cada mañana, nada más levantarse, cogía una barra de pan seco y lo dejaba en remojo. Después de vestirse y comer algo metía el pan mojado en una bolsa de plástico y se iba a la plaza; Allí, sentado en el banco, abría la bolsa y empezaba el ritual.
Ellas ya lo conocían y esperaban mostrando alegres sus alas blancas, y es que Miguel después de despedazar el pan en migajas abría la bolsa de plástico y con ilusión se subía al banco de madera, entonces estiraba bien sus viejos brazos, bolsa en alto, y con un lento movimiento de manos daba la vuelta a la bolsa y se rebozaba de pan…recibía una fresca ducha de pan mojado. Empezaba el aleteo y si te parabas un momento lo podías ver ahí, con sonrisa permanente, rebozado, inundado de palomas.
Tenía palomas hasta en las orejas, se le subían a la cabeza, a los brazos, sobre las piernas y él, arropado de tanta vida, no dejaba de reír. Pero siempre se guardaba una miga de pan y al final de cada sesión se la ponía justo en la punta de la nariz, y a aquella paloma que iba a buscarlo le ponía nombre. Fue así que empezó a reconocerlas y a hablar con ellas, y pasaron los meses y las palomas se multiplicaron.
Corrieron las voces, al parque empezaron a llegar personas para mirar el espectáculo del loco de las palomas, y llegaron también las quejas, porque las palomas cagan, cagan mucho, y lo llenan todo de mierda, y un llegó un policía y le prohibió a Miguel dar de comer a las palomas.
...
En algún lugar, al otro lado de la ciudad, unos funcionarios extienden redes llenas de pan mojado, y aquellas palomas que rebozaban a Miguel, sus hijas y las hijas de sus hijas, se lanzan contentas a la comilona. Unos minutos después las redes se doblan, alas se mezclan con alas que allí no sirven para nada, las meten en una furgoneta y no vuelven a cagar.
No hay Miguel, no hay palomas, no hay quejas y todo está muy limpio.
Ellas ya lo conocían y esperaban mostrando alegres sus alas blancas, y es que Miguel después de despedazar el pan en migajas abría la bolsa de plástico y con ilusión se subía al banco de madera, entonces estiraba bien sus viejos brazos, bolsa en alto, y con un lento movimiento de manos daba la vuelta a la bolsa y se rebozaba de pan…recibía una fresca ducha de pan mojado. Empezaba el aleteo y si te parabas un momento lo podías ver ahí, con sonrisa permanente, rebozado, inundado de palomas.
Tenía palomas hasta en las orejas, se le subían a la cabeza, a los brazos, sobre las piernas y él, arropado de tanta vida, no dejaba de reír. Pero siempre se guardaba una miga de pan y al final de cada sesión se la ponía justo en la punta de la nariz, y a aquella paloma que iba a buscarlo le ponía nombre. Fue así que empezó a reconocerlas y a hablar con ellas, y pasaron los meses y las palomas se multiplicaron.
Corrieron las voces, al parque empezaron a llegar personas para mirar el espectáculo del loco de las palomas, y llegaron también las quejas, porque las palomas cagan, cagan mucho, y lo llenan todo de mierda, y un llegó un policía y le prohibió a Miguel dar de comer a las palomas.
...
En algún lugar, al otro lado de la ciudad, unos funcionarios extienden redes llenas de pan mojado, y aquellas palomas que rebozaban a Miguel, sus hijas y las hijas de sus hijas, se lanzan contentas a la comilona. Unos minutos después las redes se doblan, alas se mezclan con alas que allí no sirven para nada, las meten en una furgoneta y no vuelven a cagar.
No hay Miguel, no hay palomas, no hay quejas y todo está muy limpio.
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