martes 16 de junio de 2009

Facebook

¡Hoy he llegado a los 200 amigos! El mismísimo… lo tengo en la punta de la lengua, el director de Vicky Cristina Barcelona… ese, Woody Allen me ha pedido ser mi amigo. Yo he alucinado y claro, le he dicho que sí! He entrado en su muro y ¡tiene más de 5000 amigos! Me ha extrañado que él no conteste a nadie pero claro, debe estar muy ocupado haciendo películas. Sólo he visto que de vez en cuando se toma un descansito y juega a la “guerra de pandillas”, qué lujo, le he enviado una invitación para ver si quiere ser de la mía.

Bueno lo realmente vip es que ya tengo 200 amigos. Maria habrá alucinado porque sólo tiene 29 y si descuentas la familia, los compañeros del curro, los de inglés y la universidad le quedan 7 (que seguro son del club ese literario).
Si es que con esto del Facebook tengo tantos amigos que no doy abasto. Hoy llegué del trabajo y tenía nosecuantas invitaciones a grupos y he realizado 3 tests: el de qué pitufo eres, qué princesa y qué animal. Bueno en realidad habré hecho unos 12 pero estos eran los únicos fiables, porque el pitufo filósofo me define, Pocahontas es súper exótica, siempre me ha gustado lo exótico, ¿recuerdas las chanclas con flecos que me compré el verano pasado? y el elefante es la inteligencia en persona, bueno o algo así. Los demás eran un asco, ¿Cómo pueden decir que me parezco a Juana la loca o que mi nombre significa muerte? Ni hablar, yo no pongo eso en mi muro. El único test que no me atrevo a hacer es el de coeficiente intelectual, porque me han dicho que aunque lo borres queda grabado y lo envían a todos tus contactos para retarte, y claro, es que he visto que todos mis amigos superan el 100 y me da cosa que sea de esos no fiables, ¿porque luego cómo borro el número?

Desde que estoy en el Face me ha cambiado la vida. Antes no sabía qué hacer porque no conocía mucha gente, bueno la normal, pero ahora es una pasada. Compartimos fotos, vídeos… el Sábado estuve charlando con el hermano de un amigo de mi primo por el chat y el domingo quiso volver a contactar conmigo pero me puse como “desconectada”, a ver si van a pensar mis amigos que estoy siempre pendiente de la pantalla, ¡que vergüenza!

Pues lo que te quería contar, se llama Dani, es un amigo de la cúñada de la amiga de mi hermana, y me ha dicho que le gustan mucho mis fotos de perfil. Me las ha comentado todas, todas y le han gustado todos, todos mis videos. Parece un tipo muy interesante, ayer noche entré en su muro y ha colgado un poema muy bonito, se titula “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. ¡Es escritor! Y de los buenos. Le he pedido que a ver si cuelga alguna foto suya de perfil, seguro que es guapísimo.

Qué fuerte, Woody Allen acaba de confirmar que quiere ser de mi pandilla. Quedamos otro día ¿vale? Y ya te cuento, ahora tengo que dejarte…

viernes 12 de junio de 2009

el examen

Después de estudiar durante semanas llegó el día del examen de neurología. Estaba nerviosa y tenía esa horrible sensación de no saber nada. Una mezcla entre Sócrates y Chiquito de la Calzada (por el no puedor).
También estaba cabreada porque había tenido que renunciar a dos cenas, un karaoke y un baile. No recordaba haber dormido la noche anterior pero sí haber soñado que era una neurona. Era una estúpida neurona a la que le tocó estar en el mismísimo orificio anal. Y no es que no tuviera su importancia, ya que si dejaba de trabajar el susodicho amo dejaría de evacuar y se hincharía hasta reventar, pero aunque en sueños, todo olía a heces y a poemas descarriados.

Entró en la facultad de comunicación y cansada empezó a buscar en un listado el aula que se le había asignado. Al no encontrar su nombre los traicioneros empezaron a hacer de las suyas y viendo ya medio borroso se dirigió a la mesa de información. Encima de sus ojeras, sus ojos, más estrechos de lo habitual, se clavaron en una irresistible silueta que desencadenó sus más salvajes instintos animales. Un hombre alto y despeinado, con ese aire irresistible de genio loco que le daban sus gafas de culo de botella. Se acercó a ese pedazo de hombre y le preguntó sobre la lista, no sin antes dedicarle una picante mirada de rasero, al trasero.

Llegaba tarde, confusa y desenfrenada se dirigió al aula 3 y ocupó el único asiento libre en la primera fila. Las piernas le temblaban e intentó por un momento nombrar mentalmente todas las conexiones que habrían participado en los últimos 5 minutos de su vida pero en su mente sólo apareció un hermoso culo y una neurona sonriente.

Antes sus ojos, la blanca realidad le preguntaba sobre la amígdala y las respuestas emocionales. Empezó a recordar en el mismo momento en el que el hombre de la mesa informativa entró en la sala y se sentó en el pupitre principal. Todo era inútil, le quedaban 20 minutos y no había escrito nada, su cuerpo estaba en un estado emocional excepcional pero no lograba descifrarlo y darle forma en palabras, de tal manera que quiso amortizar de algún modo tantas horas de estudio desperdiciadas y empezó a escribir una larga y emotiva dedicatoria al hombre del pelo enmarañado y la lanza de fuego.