viernes 3 de julio de 2009

Te echo tanto de menos…

Hace días que no duermo, camino arrastrando los pies y tengo la sensación extraña de que el aire me evita, como si estuviera aislada del resto del Mundo. Lo peor es que me doy cuenta de ello, veo balancearse las hojas de los árboles pero no siento el aire que las mueve y que tanto anhelo. Es una sensación terrible el no sentir nada, me ahogo. Estoy muy asustada.

Soledad. Por las mañanas ya no me apetece ir a comprar el pan, porque no tengo hambre. Me faltan razones para todo y me sobran las excusas. Creo que voy a tirar el espejo del dormitorio. Me encuentro frente a una cara llena de arrugas, resquicios de lo que fueron ojos llenos de vida y un cuerpo pequeño que me hace dudar de lo esbelta que fui. Nadie me llama “preciosa” y parece entonces que he dejado de serlo.

Carmen me viene a ver cada mañana. Cuando suena el timbre abro el frasco de aguarrás y me pongo unas gotitas en el cuello. Este es mi perfume. Le digo que estoy bien, que he vuelto a pintar. Entra en casa y observa el cuadro. En la silla, los pinceles están dispuestos de manera diferente de ayer y en la paleta los colores, secos, disimulan mi mundo gris. ¿Para qué voy a pintar si tú no estás?

Estoy muy asustada. Sin ti, no se quien soy.