miércoles 29 de abril de 2009

"Síndrome de mano ajena"

Aquel martes iba tranquilamente con la vespa a ver a María cuando un coche se pasó el stop por el forro y David pegó un frenazo que lo hizo volar por encima del automóvil. Dio un salto mortal hacia delante y fue a caer 50 metros más allá, inconsciente.
Después de varios días en la UCI despertó. Lo primero que vio fue la cara sonriente de su madre que le tendió la mano para acariciarlo y él intentó corresponder con su mano izquierda, porque David era zurdo, pero buscándola encontró que ésta estaba rascándole la cabeza. Así fue como se dio cuenta, aterrado, de que su mano izquierda no era controlable. Se lo explicó a su madre que, boquiabierta, y pensando que su hijo había perdido el juicio, fue a buscar al médico.

Mientras tanto David permaneció quieto pero su mano izquierda no, y su mano derecha, que había actuado hasta entonces de izquierda resultaba poco útil, así que pensó que tenía dos manos izquierdas.

El doctor confirmó lo que temía. “Síndrome de mano ajena” causado por traumatismo craneoencefálico con fisura en el cuerpo calloso del cerebro. Así que David tendría que convivir con un apéndice extraño en su tronco que tenía vida propia y que además se empeñaba en hacerle la vida más complicada, y es que la mano deshacía la cama que David estaba haciendo, se hurgaba la nariz en el momento más inoportuno y tocaba el culo de las chicas que pasaban por la calle, entre otras cosas.

Al cabo de unos días y cansado de esa loca izquierda empezó a pegarla con la mano diestra, de manera que las discusiones entre ambas empezaron a ser cada vez más frecuentes, pero el apéndice ajeno era más efectivo y David tuvo que tomar medidas drásticas para protegerse. Colocó el brazo izquierdo paralelo a su cuerpo y lo ató fuertemente con una cuerda. Así estuvo unos meses, hasta que su brazo izquierdo empezó a disminuir de tamaño y David decidió desatarlo para ejercitar un poco los músculos. Cogió un cuchillo para cortar los nudos y una vez liberado, el miembro ajeno se hizo con el cuchillo y se lo clavó a David en el pecho.