viernes 31 de octubre de 2008

Muerte


Las diez y no se ve un alma en el tanatorio. Ya se sabe que cuanto más viejo eres menos visitas de condolencia recibes. Los que habrían venido ya están muertos y los vecinos decidieron ir a Paris por el puente y ya se sabe que las reservas no se desreservan y menos si te han costado un ojo de la cara.

Las once y no aparece un alma en el tanatorio. Sólo él y el cuerpo de ella. Ay que ver qué guapa la han puesto. Mucho más bonita que la última vez que la vio, hace apenas unas horas. Parece que en cualquier momento se va a levantar y con su dulce vocecita le dirá que todo ha sido una broma pesada. Pero no se oye ni una voz.

La última vez que la escuchó ella le pidió que le pusiera su crema hidratante por la cara, siempre fue muy presumida. Y él lo hizo, con todo el cariño que te da toda una vida de convivencia. Empezó por la frente, con suaves masajes, y luego alrededor de los ojos. Qué ojos más bonitos. Todavía tenían el brillo aquél que lo cautivó en su primera cita, aunque ahora rodeado de infinitas arrugas. Las arrugas de la risa. ¡Cuánto se habían reído juntos!. Ella lo miraba mientras él le regalaba pequeños masajes alrededor de los ojos y sin darse cuenta se entretuvo allí, ensimismado en aquellos ojos verdes. Tuvo ella que cerrarlos con una sonrisa para que dejara de mirarla. Y él, a su vez, con una sonrisa, se puso un poquito de crema en los dedos y continuó su camino.


Paula:

No cabia nadie en el tanatorio,estaba absolutamente lleno de amor y hasta los ecos de la muerte, los ocupaban las sonisas.
Una cita,que me impacto y lamento no recordar a quien le pertenece:"Las arrugas deberian ser simplemente las huellas de las sonrisas".
Quiero ese plan belleza,porque la vida lo vale je,je.
Un fuerte abrazo preciosa.
Paula

Mohammedia:

Y mientras masajeaba sus párpados dormidos, le susurraba al oído.... “quisiera decirlo y no puedo.. si yo pudiera decir lo que sin decir siento, entonces…entonces no habría jazmines en este bello jardín nuestro”… Y lo hizo como lo hizo todas las mañanas del mundo, cuando tumbado en el jardín observaba su primer despertar, despertar de mirada a veces ausente, a menudo tierna, y siempre de verdad. Dónde están esos ojos verdes, dónde está ese brillo que le cautivó, .., y ese olor de jazmines? Dónde están? Y allí, solos en el tanatorio, en el que no cabía nadie más, le confesó por última vez su amor… deseando que los ojos de ISIS le volvieran a hablar...

Cristina:

... y Isis le habló, como sólo pueden hablar los muertos. Un rayo de Sol inundó la estancia e iluminó el jazmín que le había traído del jardín esa misma mañana... y él sintió que por primera vez no podría sostener el llanto.

jueves 16 de octubre de 2008

...

Te ofrezco mi mano desde ayer,
y el levitar sobre cercanos abismos
de miedos ocultos.
Te doy mi mano, y con ella el reloj (pulso)
que cuenta todas mis horas.

¡Arranca de un tirón las raíces
de esa rosa sin escrúpulos!
que en este suelo seco, infértil
mira una niña jugar mientras se enreda.

Y le ofrece sus espinas como sustento,
raíces que anudan un lazo,
besos y estiércol.
Enredos en mi propia sangre.

Cignes i elefants

El Kim és un gerent molt divertit. Té varis negocis i el seu xofer el porta amún i avall amb el Jaguar platejat, però quan arriba a casa ja tornen les suors fredes, es mareja i pren el diazepam, sempre amb l’ajut de JB, i s'estira al sofà i s'adorm...

Cignes reflecteixen elefants, elefants reflectits per cignes

La Montse treballa netejant. Té la cara molt arrugada i sempre va molt cansada. Es creua amb el Kim, que arriba tot content i es saluden. Quan ella arriba a casa, la Susanna ja li ha preparat el cafè amb llet i les dues xerren a la cuina, i riuen...

Elefants reflecteixen cignes, cignes reflectis per elefants

The day I missed the train

Some nights, those nights when I go early to bed and wake up late, those days I sleep too much, my mind, tired of being in the same place alone with myself, starts looking for Victoria Street.
I appear in the village and I keep walking and walking almost in despair, but at the same time I am so happy!, because everything looks so real and it seems that, at last, life gives me another opportunity, but you know what? I never find it.

Now that I am older, now that I have found myself, I still have not found Victoria Street.. But the good thing is that
I always wear Sunscreen.

Wear Sunscreen!!! :)

miércoles 1 de octubre de 2008

Haematopinus

Tendría yo 10 años cuando un día en el cole la tutora decidió que nos miraría a uno por uno la cabeza para ver si encontraba piojos. La verdad es que la situación era terrorífica porque toda la clase estaba pendiente de cada uno de los registrados y en aquella época tener piojos era sinónimo de ser un guarro.
Recuerdo que Isabel, después de mirarme la cabeza me susurró:

-Tienes liendres

Oh Dios mío, -¿y eso qué es?-pensé. Pero claro una no pregunta porque cualquier intercambio verbal con la profe era sinónimo de que algo se está cociendo…
Total que tenía huevecitos de piojos que estaban creciendo en mi cabeza. Al llegar a casa lo comenté a mi madre y me inspeccionó.

-Veo uno!


La exclamación llamó la atención de mi hermana, que se apuntó a la fiesta y empezaron a contar los piojos… que no liendres. Lo pude comprobar cuando uno de ellos saltó de mi cabeza hacia la “pica”. Era negro, grandote (pude incluso contar sus patas), y hasta me miraría con cariño, supongo.
Empecé a llorar mientras mis exploradoras contaban el número de parásitos que habitaban en mi cuero cabelludo. Qué impotencia ser devorada por pequeños vampiros, creo que entiendo el terror que tienen los elefantes a los ratones.

Fue el principio de una pesadilla. Me empecé a lavar la cabeza con champú antipiojos pero mis huéspedes no cesaban de multiplicarse.
Un día en clase de matemáticas, estaba yo escribiendo cuando uno de mis parásitos aterrizó en la mesa. Era enorme. Tenía 6 patas, 2 antenas y su cuerpo estaba dividido en dos zonas, un tórax pequeño y un abdomen voluminoso. El pequeñajo estaba bien alimentado. No recuerdo lo que hice, sólo se que el bicho desapareció de mi vista en pocos segundos.
A los 20 años, nooo, …ya no tenía piojos… estaba en la universidad y en una práctica de parasitología nos pusieron toda una serie de frascos con parásitos de distintos animales.

Mi mirada se dirigió hacia uno de ellos donde había unos bichos enormes, idénticos a los que convivieron conmigo durante una etapa de mi niñez. Reconocería a esos chupa sangre entre cientos debichos.
El bote estaba grabado con la palabra Haematopinus. Me dirigí al profe para preguntarle qué eran los Haemotopinus y su respuesta me dejó helada:
- Piojos de cerdo.